Esta ciudad es en verdad bellísima, llena de plazas y palacios. Prácticamente no hay adefesios arquitectónicos. Hay un café en cada esquina. El café es bueno y la gente interesante. Ahora estoy en uno que me gusta particularmente. También es una ciudad para caminar, no para manejar una SUV; estar lejos de Estados Unidos tiene sus ventajas. La gente se viste mejor que casi en ninguna otra parte del mundo. Así es Barrio Norte, separada por la Avenida Santa Fe de la acumulación de ignominia que es Buenos Aires, con sus barrios wannabe. Los barrios wannabe folklóricos de La Boca y San Telmo, el barrio wannabe Soho que se llama, aunque no lo crean, “Palermo Soho”, el barrio de “Palermo Hollywood” (no me he tomado la molestia de visitar este último) y otros tugurios por el estilo; esperemos no terminar alguna noche en la orilla equivocada de la Avenida Santa Fe.
Hace una semana nevó por primera vez desde 1910. Con el frío me dan ganas de comer empanadas y alfajores. Toda la comida aquí engorda. Ahora el clima ha mejorado un poco. Estoy feliz porque en las próximas semanas voy a leer todo lo que quiera (ya tuve suficiente de caminar todo el día de arriba para abajo) y feliz de estar conociendo esta ciudad (incluso algunas cosas del lado malo). También me siento un poco solo. Creo que estoy muy intransigente en estos días y conocer gente nueva me resulta cada vez más difícil. Cada vez me gusta más la ropa cara, lo cual es de preocuparse si consideramos que técnicamente soy estudiante de nuevo. Seguiré con mi filosofía de no fijarme demasiado en los precios “hasta que la realidad nos alcance” (esa filosofía es una de las mañas que le aprendí a mi primer novio; Dios lo bendiga). Me gustó sobre todo un chaleco de cuero carísimo. Ya se que la idea de un chaleco de cuero suena imperdonable, pero este es un chaleco distinto al que segurmente se imaginan (distinto al menos a esos chalecos Guess que eran impresindibles hace quince años). A veces siento que soy un viejo prematuro. Como algunos compañeros de cierta institución académica de excelencia, cuyos nombres no voy a mencionar aquí. Cada vez me vuelvo más de derecha para algunas cosas; me pregunto hasta dónde llegaré. Espero que todo esto sea una etapa, pero me temo es sólo el principio.
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