Hace algunos días recibí un correo de Leslie Morán, una de las monísimas funcionarias de la agencia que me apoyó para conseguir una beca. El propósito del correo de Leslie, además de saludarme y desearme la mejor de las suertes en mis estudios, era pedirme que redactara un testimonio de agradecimiento. Quería que compartiera cuál ha sido hasta el momento mi experiencia al recibir una beca y lo que significa para mí contar con el apoyo de la iniciativa privada socialmente responsable (en mi caso TV Azteca). Además, me sugería añadir alguna nota de agradecimiento a la persona/corporación que hace posible la beca. Estos testimonios los utilizarían para elaborar un material audiovisual mismo que será proyectado en la premiere de un filme norteamericano que la propia fundación está organizando a beneficio de futuros becarios.
Al principio, esta responsabilidad me causó una cierta zozobra. El testimonio de agradecimiento no es un género sencillo, sobre todo por su carácter elusivo. Si se pone demasiado énfasis en la parte descriptiva, se corre el riesgo de terminar escribiendo una crónica de gratitud, mientras que, en el otro extremo, si el texto se carga demasiado hacia lo reflexivo, puede terminar en un simple ensayo de cortesía. Es preciso mantener un equilibrio muy delicado entre descripción y reflexión, en el que lo más conveniente es atenerse a dos o tres situaciones concretas que servirán a manera de “ganchos” para amarrar con la realidad los elogios, que no divagaciones abstractas, de la virtud del destinatario del agradecimiento. No es la tabla del dos.
Sin embargo, en esta ocasión no me dejé amilanar por la complejidad de la encomienda. Mi más alto sentido del deber me orillaba a hacer todo cuanto estuviera en mis manos para retribuir de alguna forma la generosidad de mis benefactores y de paso corresponder las atenciones de Leslie. Así que durante algunas horas ignoré los persistentes exhortos de mi querido Yayo (quien funge como jefe en el organismo autónomo en el que trabajo) para que me concentrará en la revisión meticulosa de los informes, y me adentré en deliberaciones mentales sobre la expresión literaria más propicia para el agradecimiento.
Dichas deliberaciones arrojaron como conclusión que la clave para redactar testimonios de agradecimiento (y otros textos afines en el ámbito de las artes discursivas) consiste en tener muy presente el parecido de esta actividad con la ingeniera en procesamiento de alimentos. Por ejemplo, el ingeniero en procesamiento de alimentos enfrenta el dilema de provocar en el público consumidor algún entusiasmo por comer avena, siendo que la avena es, en sí misma, un alimento bastante ignominioso.
Así como el ingeniero en alimentos debe recurrir con liberalidad a una amplia gama de colorantes y los saborizantes para modificar la presentación y el sabor de la avena, era preciso que yo echara mano de todos los recursos a mi alcance para disfrazar, engalanar y sobrecargar mi experiencia. Máxime considerando que la experiencia en la que se fundaría mi testimonio era bastante simplona. Algo así como “conseguir la beca fue un engorro, aunque París (la Universidad de Chicago) bien vale una misa. Señores patrocinadores: muchas gracias por su generoso apoyo.” Por supuesto, esto no sirve como testimonio de agradecimiento, pero fue fácil —siguiendo el principio maximalista de sobresaturar el texto con elementos decorativos— transfigurar la escueta realidad en un caleidoscopio de ilusiones.
Después de una media jornada de extenuante trabajo de imaginar versiones pintorescas de la realidad, quedó un producto bastante comercial [nota del editor: para Roberto, la palabra “comercial” tiene invariablemente una connotación positiva]. El texto es corto pero eficaz. Además es muy emotivo y logra resaltar sin ningún pudor la vocación filantrópica, la probidad, la prestancia y la solvencia moral —ni que decir de la financiera— de mis patrocinadores. Además, el testimonio está cargado de un triunfalismo que yo no sentía desde el sexenio de Salinas. Creo que la catarsis llega cuando digo “[…] lo demás es mucho estudio, mucho trabajo, más lo que se acumule en el camino.” Sin embargo, como esta hay otras frases, cada una con su buena ración de excesos y licencias. En fin, todo un festín del optimismo que no queda mal parado ni frente a aquella canción, tan alegre, que interpretan a dueto Julieta Venegas y Diego Torres.
A Leslie le fascinó mi testimonio (a pesar de mi esmero, me preocupaba no cubrir las expectativas). Me dijo que lo difícil sería seleccionar una parte. Yo interpreto que con esto ella quería decir que todas las partes son buenas, aunque esto es debatible. En fin, quedé rebosante de satisfacción por el trabajo bien hecho y con un sabor dulzón en la boca que me regresa cada vez que pienso en lo inspirado que fue mi testimonio. ¡Espero poder asistir a la premiere!
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3 comentarios:
Lo menos que esperábamos después de leer la tan descriptiva historia de tu proceso creativo, era leer el susodicho testimonio.
En efecto, escribir un testimonio de gratitud sin caer en excesos de mal gusto no es la tabla del dos (especialmente cuando se trata de alabar la responsabilidad social de empresas como TV Azteca). Pero conociendo tu incuestionable talento literario, estoy seguro de que lograste crear una obra adecuadamente optimista, sentimental y comercial. No por nada a Leslie le gustó.
Ojalá (tú o ellos) nos inviten a la première.
Bob, al leer esta entrega no pude evitar recordar que esta es no es la primera vez que la iniciativa privada socialmente responsable, léase TV Azteca, se acerca a tí para ofrecerte un mejor futuro!
La primera vez fue saliendo del Alebrije Acapulco (con unas cuántas copas de más) cuando unas guapas chicas vestidas con los colores de la televisora en cuestión les ofrecieron a tí y a Cristobal becas para el "Centro de Estudios y Formación Actoral de TV Azteca", mismas que rechazaron diciendo que sólo les interesaba conseguir la "Beca PEMEX" jajaja!
Espero que hayas incluído esta anécdota en tu testimonio de gratitud! :)
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