Ver pasar la tarde en el patio que hay a un costado de la torre Latino. El patio tiene esculturas y bancas y unas pocas flores. De un lado flanquea el patio el templo de San Francisco, que por su falta de ostentación da la impresión de haber sido una iglesia de pobres desde hace varios siglos. En contraste, cruzando Madero se alcanzan a ver la Casa de los Azulejos y el Edificio Guardiola. Al fondo hay una construcción que se cayó a medias en el terremoto. Ésta es la parte más importante, porque la construcción antigua enseña sus esqueletos de muros viejos y en estas ruinas está creciendo una pequeña colonia de plantas silvestres y de escaleritas de madera; una bellísima estampa del abandono.
El patio al costado de la Torre Latino es como un universo en si mismo, un espacio que no nunca hubiera existido de no ser por una inaudita acumulación de tragedias naturales y urbanísticas y de otros accidentes. En las tardes de los fines de semana el ambiente es casi tranquilo. Hay algún lector, algún turista, algunas parejas. El ruido de los concheros, de los organilleros y de los vendedores no penetra en el patio. Se puede pensar, incluso, en la palabra remanso. Hay una tendencia a estar a gusto en este universo, a quedarse.
Debido al horario de verano, a partir de mayo el comercio —formal e informal— se retira del Centro cuando todavía hay luz. Por lo tanto, es conveniente retirarse del patio antes de que anochezca y aprovechar esta oportunidad para caminar sin tanto sobresalto por las calles que todavía no han sido “gentrificadas” al norte y al oriente del Zócalo. Es particularmente interesante el paseo por la plaza de Santo Domingo y las cuadras aledañas, que en cuestión de minutos se transforman de centro neurálgico del contrabando de facturas a barrio de ritmo lento, en el que todavía conviven las vecindades y los monumentos del siglo XVIII. Es recomendable concluir esta parte del paseo en el Zócalo. Si hace mucho viento, el cielo estará tachonado de papalotes.
Todo habrá sido tan bonito, que ameritará una frase trillada. Sugiero decir algo así como “algunas de las mejores cosas de la vida sí son gratis”.
Para no concluir en blanco está visita al Centro, es apropiado citar a un grupo de buenos amigos para tomar la copa al anochecer (no necesariamente con las expresiones “tomar la copa” y “anochecer” que van cayendo en franco desuso). Al respecto, vale la pena mencionar que en el Centro Histórico hay innumerables locales que bien se merecen una visita, desde cantinas tradicionales hasta un par de bares chic que han germinado en los últimos tiempos. Ya para salir de un apuro, siempre se puede acudir a los bares de los Sanborn’s. El único lugar —de los que conozco— que recomiendo evitar a toda costa es el bar que se localiza en la planta baja del “hostal”, a espaldas de la Catedral (vaya y venga si usted tiene 18 años y lo que busca es levantarse un backpacker).
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4 comentarios:
Muy chida entrega... sigue así y prometo convertirme en un lector asiduo (aunque la palabra "asiduo" también está cayendo en franco desuso)
Qué gusto me da que te hayas animado a publicar un BLOG. Estaré super pendiente de tus próximos posts. Por lo pronto ya tienes un link desde el mío y yo, por mi cuenta, pronto agendaré un atardecer de sábado para mí en el lugar citado. ¡Mucha suerte y que las multitudes de lectores de caché se dejen venir!
finalmente puedo comentar!
¡bienvenido al fabuloso mundo blogero! yo me confieso una adicta, y como tal, celebro la llegada de un nuevo blog de alta calidad a nuestras vidas.
ya era hora que compartieras tu sabiduría con el mundo robert! :)
Toda esa zona alrededor de la torre latinoamericana, y el palacio de bellas artes, tiene su encanto.
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