martes, 26 de junio de 2007

Un Ángel

[Advertencia del editor: en esta entrega finalmente hay un poco de acción y Roberto incursiona, no muy afortunadamente, en el relato romántico y con tintes eróticos.]

Lo conocí por intermediación de mi amigo Rodrigo Salazar y del escultor Javier Marín. Rodrigo organizó una reunión para celebrar su cumpleaños y su reciente mudanza. No lo vi entrar por la puerta, pero de repente estaba ahí, en una esquina de la habitación. Irradiaba una luz discreta —tal vez yo era el único que podía notarlo— y me miraba fijamente. Su mirada no era furtiva. En los ojos de los ángeles no hay ansiedad. Era más bien como una mirada tutelar, como una mirada/sonrisa, que me decía de forma silenciosa que me acercara, que no tuviera miedo, por eso supe que era un ángel. En la tierra, este ángel utiliza el pseudónimo de Óscar; todavía no conozco su nombre verdadero. Ya lo había visto hace varios años, pero en ese entonces no me di cuenta de que Oscar era un ángel (…en nada sino en la belleza se distinguen de los mortales).

Yo le había regalado a Rodrigo un libro Javier Marín porque me parece que el trabajo de Rodrigo, quien es también un destacado artista plástico, guarda una cierta afinidad con la obra de Marín. Óscar había estado mirándome ya por algún tiempo. Yo no estaba seguro de cual sería la mejor forma de acercarme. Hasta que Óscar (¿casualmente?) decía que había visto precisamente una exposición de Javier Marín. Supe que era el momento. Óscar no habla demasiado, más bien, no necesita muchas palabras para expresarse, porque no tiene interés en decir cosas superfluas. Desde el principio me hizo sentir que estaba interesado en mí, pero tampoco parecía tener ningún interés en impresionarme. Por supuesto esto me impresionó mucho más.

Después de un rato, Óscar sugirió que le mostrara el libro de Javier Marín, que estaba en una habitación contigua. Una vez vimos el libro, Óscar se acercó a mi —despacio, muy tiernamente. Fue el beso más dulce y más largo y más sincero. No fue sólo un beso con la boca y con la lengua. Fue un beso con sus manos en mis orejas, y un beso con su nariz junto a mi nariz o un beso con mi cara apoyada en su cuello, y finalmente un beso de mirarnos fijamente, muy de cerca y sin apenas tocarnos. Ese fue el prime beso. Después de varios besos me dijo que lo siguiera a su morada celestial. Fue ahí, entre las nubes que cubre el cielo de la ciudad, que ocurrió otra revelación: pude ver sus piernas. Las más bellas piernas que han caminado por el cielo y por la tierra. Las mismas que han sido desde la antigüedad clásica el canon de belleza masculina, la inspiración de tantos artistas (¿también de Javier Marín?).

La noche había avanzado, entre las nubes asomaban los primeros rayos del sol. Algunas de las cosas más extraordinarias, como el encuentro con un ángel, pasan en el momento menos propicio. En unos pocos días comienzo un viaje, y no volveré a vivir en México en dos o tres años. Después de hablar tanto de la honestidad, no fui capaz de decirle nada de esto a Óscar. Era tan fácil engañarme un rato y pensar que esa noche era el comienzo de una historia. Ni siquiera pude disfrutar una mañana con él, tuve que irme temprano, porque ese día viajaba a Chetumal, para atender un tedioso asunto de trabajo. Óscar me abrazaba y me decía que no me fuera, que me quedara dormido a su lado. Cuando estaba así, tan cerca de su corazón, deseé nunca separarme, dulcemente olvidado de mis responsabilidades, de Chetumal y de cualquier otro lugar de la tierra, permanecer por siempre en el cielo y en los brazos de mi ángel. Antes de salir apresuradamente (de verdad pensé en un momento que no sería capaz de irme), Óscar me preguntó sin rodeos —los ángeles hablan siempre con franqueza, pues no conocen los complicados juegos que los hombres utilizan para ocultar sus verdaderos sentimientos— si quería volver a verlo.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Ash! ¡Pinche Bob! Me hiciste llorar.

Enrique R dijo...

Nuestro modesto autor incursiona, con creces, en el género romántico con tintes eróticos. SUBLIME RELATO

Anónimo dijo...

robertico de ma vie,

¡¡¡wow!!!, ¡¡¡qué hermoooooso relato!!!, ¡¡¡qué linda historia!!!

i'm speechless :)

Anónimo dijo...

was ment to be like that.....

K

Anónimo dijo...

robertico de ma vie,

prometiste postear desde allá!

te extraño!

te mando besitoooos

Anónimo dijo...

Pocas veces he tenido el placer de leer textos tan hermosos. Gracias. Sólo 2 cosas no me gustaron: su pequeña extensión y lo inevitablemente trágica que es la vida.

Mis respetos,

R.